Acuartelado en cuarentena de primer grado

Por Stevenson Marulanda Plata

Les cuento que yo estoy encerrado, estoy acuartelado en cuarentena de primer grado.

Salgo estrictamente a lo necesario. Desde ayer no he vuelto a montar en Transmilenio, mi transporte habitual, vivo en Bogotá.

De nuevo estoy usando mi pequeño fiel y viejo carro, un Alegro 2008, o pago taxi en pico y placa para las vueltas ineludibles.

Tengo 68 años y sé que soy vulnerable. A mi familia, conocidos y amigos les estoy recomendando lo mismo.

Lo que pasa es que este virus es nuevo para los humanos, y la ciencia no sabe exactamente qué va a pasar, lo que sí sabemos es que tiene un alto contagio y una letalidad superior a los anteriores.

Ahora, desde el punto de vista filosófico, pienso que es una lección para la humanidad, que tiene que entender que la economía no lo es todo.

Menos arrogancia y menos homocentrismo

La mente humana va a tener que aprender a vivir de distinta manera, tiene que ser más humilde, menos vanidosa, menos consumista. Es decir más respetuosa con la naturaleza.

No es posible tanto placer consumista, tanta vanidad. Tanta alta gama. Tantos privilegios que humillan.

Sin importar las ideologías, ni izquierdas, ni derechas, la humanidad va a tener que entender, que la Tierra ya no soporta más abuso.

Un país de 1400 millones de habitantes, en un espacio geográfico tan estrecho, (cuatro veces del tamaño de Colombia), como la China, tiene que comer todo lo que usted menos se imagine: cucarachas, grillos, sapos, ranas, hormigas, murciélagos, culebras, perros, gatos; y flora igual.

Y, en todo el Planeta ya somos casi 8.000 millones, y el rancho ardiendo.

Ahora pongámoslo en términos energéticos: una persona moderna con una vida digna, mínimo debe consumir al día unas 50.000 mil calorías diarias en: movilización más viajes recreacionales, electrodomésticos, luz y energía eléctrica para todo, calefacción, aire acondicionado, ventiladores, comunicaciones, comida, vestido, medicamentos, disposición de excretas, etc.

Supóngase usted que la economía mundial y los sistemas políticos y económicos y de mercado fueran perfectos, y se respetara la igualdad, la libertad, la fraternidad,  la dignidad y los derechos fundamentales para los 8.000 millones de seres humanos de la tierra, entonces multiplique 50.000 x 8.000.000.000. Eso le da la friolera de 400. 000.000.000.000 de calorías diarias.

Ninguna ideología ni sistema político, ni económico, ni de mercado, resiste eso. No hay materia prima, incluyendo el agua y el aire, que aguante esto.
Les digo esto, porque el coronavirus, o sea la naturaleza, la Tierra, nos está diciendo:

¡Hey!

Dejen de discutir pendejadas de izquierda y derecha, de geopolítica y geoestratégica, de capitalismo, socialismo y comunismo. Todos los humanos son iguales: depredadores con distinta máscara; idiotas, el barco hundiéndose y ustedes peleándose el mejor camarote.

Si China, Estados Unidos, Rusia, India, Japón, Europa, Australia, Brasil, y todo el mundo, con sus sistemas de gobierno socialistas o capitalistas, con distintos grados de corrupción, siguen obstinados en que la economía debe crecer infinita e imparablemente para satisfacer la adicta mente humana al consumo de bienes y servicios, suelta de madrina y a toda leche, el calentamiento global, las basuras, la contaminación, el aire irrespirable, la deforestación, el narcotráfico (alimenta la economía mundial), el fracking, las inevitables guerras, el armamentismo, los virus, y tantas plagas más acabarán con la humanidad en no mucho tiempo.

Decía mi hermano Robinson (QEPD), una tarde echándonos un septimazo:
Stevenson, qué tamaño tendrá que tener el alcantarillado de Bogotá para echar tanta m……
Y eso que en ese año (1970), Bogotá solo tenía dos millones de habitantes, qué tamaño tendrá hoy que tiene 9.

Ahora bien, Colombia y Venezuela, no son protagonistas principales de la película del mundo, pero sí están alineadas a las dos potencias tradicionales de la Guerra Fría, Estados Unidos y Rusia, respectivamente, teniendo en cuenta que Colombia tiene sus propios pecados capitales: desigualdad extrema, corrupción extrema, conflicto armado arraigado, paramilitarismo, guerrilla, narcotráfico y compra de votos como base de la democracia.

Y, Venezuela tampoco es santa, y tiene también sus propios y grandísimos pecados originales.

* De Fonseca, La Guajira. Médico de la U. Nacional, especializado en cirugía General, experto en cirugía de higado, vias biliares y páncreas. Gerente en Salud Pública de la Universidad del Rosario. Autor del libro “La venganza del ángel malo”. Raíces y alas de la música de acordeón y del vallenato.

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