Cuando una persona atenta contra su vida

No lo hace por falta de amor, sólo pretende huir de una profunda desesperación.

Por: Stella De Ávila Escobar- Psicóloga Coach con PNL

Cuando una persona decide quitarse la vida el duelo para los que deja atrás es un insondable sufrimiento combinado con preguntas sin respuestas.

¿Por qué lo hizo? ¿Por qué no me di cuenta? ¿Será que no hice lo suficiente? Y así, el dolor es avivado por sentimientos de culpa que solo producen mayor angustia, tristeza, malestar.

Déjenme decirles algo. “NO HAY CULPABLES”. Simplemente es el desenlace, el final de un padecimiento de salud del que aun no se conoce con claridad su causa. Y por esa razón hasta ahora, los medicamentos solo son paliativos, mas no significan sanación.

Muchas personas se preguntan que pasa por la cabeza de alguien que toma una determinación tan drástica, cuando la única orden que trae nuestro cerebro es ¡sobrevive! Tan es así que, si alguno de nosotros decide dejar de respirar, podríamos resistir por unos segundos. Pero luego nuestro cerebro obligará a nuestro cuerpo a inhalar porque esa es su función principal, mantenernos vivos.

¿Qué hace que en un instante esa orden prioritaria de nuestros cerebros se apague y nos disociemos de nosotros mismos, hasta el punto de dejar de identificarnos con nuestra propia corporeidad queriendo escapar de ella?

Muchos al igual que yo se habrán hecho esa pregunta. Incluso llegué a tener pensamientos de juzgamiento. Diciéndome que era falta de amor hacia sus hijos, familia o hacia la vida misma.

Pero todo esto cambió a raíz de una investigación que hice sobre el aumento de suicidios en niños y adolescentes en los últimos años.

Cuando vi una entrevista de una niña de catorce años sobreviviente de un intento de suicidio, cuando le preguntaron por qué había querido quitarse la vida, La niña extrañada miro a quien le hizo la pregunta, y le respondió sorprendida. No, yo no quise quitarme la vida, es mas,  yo amo la vida, amo a mi madre, yo lo que quería era cerrar los ojos por un instante y dejar de sufrir…”  

Cuando escuche esto comprendí el profundo dolor y la impotencia que encerraban esas palabras.

Tratando de entender su punto de vista, recordé algún momento de mi vida, creo que la mayoría de los que lean este escrito habrán experimentado algo similar.  Un momento en que el dolor que se siente es tan grande que seria mejor estar dormido, así se dejaría de sufrir por un instante… escapar de una realidad que no podemos soportar.

Con esto quiero decir que cualquier persona puede pasar por episodios depresivos en su vida ya sea provocado por factores externos, o por desequilibrios químicos de su cerebro u hormonales.

Según la OMS (Organización Mundial De La Salud), se calcula que en este momento hay 350 millones de seres humanos presentando síntomas de depresión.  Sin embargo, la mayoría logran superarlo solos pasado el momento de crisis, otras con ayuda profesional.

De una depresión se puede salir con los cuidados y acompañamiento necesarios. Solo es una enfermedad como cualquier otra. La situación se comienza a complicar si estos episodios se vuelven recurrentes.

¿Qué siente una persona con depresión?

Cuando uno habla con personas en depresión, describen sus experiencias de manera diferente. Son tan variadas como la personalidad de los entrevistados. Van desde el rango de las que se hunden en la desvaloración, sentimientos de culpa, desánimo, aburrimiento, creen no merecer nada.

Hasta las que se ocultan desesperadamente detrás de la neurosis, siendo altamente irascibles, intolerantes, psico rígidos, adictos al trabajo, extremadamente ansiosos, obsesivos con la perfección, “maniacos”, todo para ocultar el miedo a que su vulnerabilidad quede expuesta.

Por esta razón aun estando diagnosticados y en tratamiento, hasta para los más cercanos, incluso para sus terapeutas es difícil detectar el momento de crisis que puede terminar en tragedia.

Lo que si es común a la mayoría de quienes tienen este quebranto de salud, es el profundo temor a ser descubiertos, a ser estigmatizados, por las consecuencias funestas para su vida personal, social, laboral. Por esa razón en muchos casos lo ocultan.

La persona con depresión tiende a ver los problemas agigantados, acompañado por un profundo miedo de perder el control y que los que ama sufran las consecuencias de su padecimiento, su visión se vuelve de embudo, se va estrechando sin encontrar salida ni soluciones, quedando como única alternativa el escape de la muerte.

¿Qué podemos hacer para ayudar a una persona que amamos con esta enfermedad?

Lo primero es aceptar que hay un problema, no disimular que no pasa nada. Si no lo asumimos, ¿cómo enfrentarlo?

Además de buscar ayuda profesional para quien presenta los síntomas, toda la familia deberá involucrarse, tendrán que aprender a manejar la situación tanto con la persona afectada, como todos los involucrados emocionalmente entre sí.  Debemos recordar que la familia es un sistema, y si hay un miembro de ella afectado, toda la familia se enferma.

Se necesitará   mucha paciencia, comprensión, acompañamiento, ampliar redes de apoyo tanto familiares como de amistades, entender que no es culpa de la persona ni de nadie.

Es solo una enfermedad y como cualquier otra. Diabetes, hipertensión, hipotiroidismo, etc.  necesitan medicación diaria y permanente, que no se puede suspender caprichosamente porque ellas nos dan los suplementos orgánicos que necesitamos para estar bien.  Pero, además el apoyo psicológico es indispensable para alcanzar cambios positivos en su recuperación.

No invalidar; no es ningún “pobrecito(a)”. Es igual a cualquiera de nosotros.  La mayoría de las personas en su adultez padecen alguna deficiencia orgánica que deben suplir con medicamentos, esto es igual. Y hacerle comprender que sin importar lo que hagan los demás por ayudarlo, nadie puede hacer más de lo que el mismo esté dispuesto hacer.

Todos estos cuidados en la mayoría de los casos dan resultados positivos, pudiendo la persona recuperarse, dejando atrás definitivamente cualquier crisis de depresión que le haya afectado.

Pero si no es así   y en algún momento llegase a suceder un desenlace fatal,  para los que deja atrás:

Asumir el duelo como debe ser, pero sin culpables porque simplemente no los hay.  No es fácil enfrentar la muerte de un ser querido, y más si es este quien ha decidido poner fin a su vida. pero ante el dolor no debemos autocastigarnos.

Pensemos que el suicidio es solo otra forma de morir, donde el cerebro toma la decisión de desconectarse para ponerse fin.  Igual quizás que el corazón cuando ya no puede resistir.

Mas importante que la forma de morir, es la forma como vamos a vivir cada día, cada instante. Para que cuando nos toque partir podamos llevarnos el maravilloso regalo del amor que hemos dado y que hemos podido recibir.

Eso a la larga es lo único que nos llevamos del hermoso viaje que hemos venido a experimentar aquí.

 

 

 

 

 

 

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