“Cerrazón” o pensamiento rígido

Paraliza, atrasa, aísla

Genera frustración y comportamientos tóxicos

 Por: Stella De Ávila Escobar. Psicóloga

Coach con programación Neurolingüística

Cuando le preguntaron a Anthony De Mello, sacerdote jesuita, psicoterapeuta y escritor de origen hindú caracterizado por su modo de ver la vida nada convencional “si la línea entre el bien y el mal, según usted, es tan difusa ¿Dónde se ubica usted, en realidad?

Su respuesta fue: “Si lo bueno fuera blanco y lo malo negro, yo sería una cebra”. De eso se trata no tener una mente rígida.

Las personas de mente rígida creen tener siempre la razón. No admiten que les lleven la contraria, ven el mundo solo desde su óptica y todo lo que se salga de esa línea es criticable.

Sus apreciaciones siempre están sesgadas. Si aman no hay defectos, si odian no hay cualidades.  Críticos y jueces implacables. Les gusta entrar en discusiones inacabables sin dar soluciones. Para estar bien con ellas hay que ceder siempre porque según, son los dueños de la verdad.

Este pensamiento empobrece, paraliza, aísla. Sostener una relación con una persona así es desgastante y agotador.  Ya sea de pareja, familia, compañeros de trabajo, amigos. Y cuando esta manera de proceder se multiplica en organizaciones laborales, sociales o políticas, terminan arruinando cualquier empresa, asociación o nación.

Dentro de las organizaciones es muy común ver este tipo de comportamientos.  Hay empleados que se “atornillan” en sus sillas de trabajo y veinte años después, aún siguen allí haciendo siempre lo mismo y de la misma manera, el mundo sigue avanzando, pero para ellos, se detuvo;  ni siquiera se les ocurre cambiar la posición del escritorio.  Incluso si hacen alguna remodelación en su área protestan porque estos arreglos deben ajustarse al lugar donde ellos laboran y no al contrario.

Lo mismo sucede con sus ideas. Frases como: “yo soy así y nunca voy a cambiar”, “siempre se ha hecho así y si no le gusta, ¡de malas!”. Denotan su grado de resistencia. Cualquier cambio lo consideran una amenaza, así como a la persona que se atreva a proponerlo.  Se convierten en un “palo en la rueda” en el avance de cualquier equipo al que pertenezca, empresa u organización. “Una vaca muerta atravesada en medio del camino”

Esta parálisis física y mental, deja a la persona como un hámster en su carrusel, dando vueltas en el mismo lugar, sin poder avanzar. Generando descontento, amargura. La falta de logros se convierte en un caldo de cultivo para las relaciones tóxicas, donde el compañero se vuelve el espejo que refleja sus frustraciones.

Las personas de mente rígida les gusta controlar no solo su mundo sino el de todos los que estén en su entorno. Son viscerales, estás conmigo o, estás contra mí.  Son jerárquicas, cuando consideran a alguien superior a ellas, adulan, cuando lo consideran inferior, humillan. Son excluyentes, su relación de pares es solo con los que piensan y actúan como les gusta a ellos.

Como jefes son abusivos, humillantes, desconsiderados.  Les gusta lucir a sus subalternos, sienten placer en infundir temor. Por eso siempre buscan a quien maltratar, eso les produce sensación de ser superiores.

Con sus pares, son intrigantes, envidiosos, solapados, se sienten amenazados por los logros del compañero y tratan de perjudicarlo abierta o soterradamente.  Su vida está llena de conflictos tanto en el área personal como laboral.

Pensar que estos comportamientos tóxicos no nos van a afectar, es una ilusión. Una investigación reciente del departamento de Psicología Biológica y Clínica de la Universidad Friedrich Schiller de Alemania encontró que la exposición permanente a los estímulos negativos que generan este tipo de personas producen el mismo deterioro mental y físico que el estrés prolongado.

Las personas con pensamiento rígido, son una amenaza a nuestra tranquilidad. Tienen la palabra precisa, el comentario desagradable que enrarece el ambiente y golpea sin pausa nuestra autoestima; nuestra seguridad se quiebra, produciendo ansiedad y temor.

El cerebro ante este peligro dispara la alarma enviando toda la sangre hacia los miembros inferiores, por eso nuestro primer impulso será huir, pero la razón indica que no siempre se puede hacer.  Este conflicto interno bloquea la mente impidiéndonos pensar con claridad, dejándonos desprotegidos ante el ataque.

Es muy difícil pensar que no vamos a encontrar este tipo de personas ya que pululan, desde el seno familiar, pasando por lo laboral y extendiéndose a todos los espacios de interacción social. Por eso ante el peligro no nos queda sino huir o afrontar.  Y como no podemos huir toda la vida, es mejor desarrollar las habilidades que nos permitan neutralizarlas.

La clave para actuar de manera inteligente ante comportamientos tóxicos, es cultivar la capacidad de manejar nuestras emociones y mantener la calma bajo presión.

COMO TRATAR A PERSONAS CON MENTE RIGIDA

Todos sabemos quiénes a nuestro alrededor, son fuente de conflictos y malestar, también sabemos por dónde nos atacan. Cuando no puedas alejarte lo suficiente y quedes expuesto a su veneno, hazte el propósito de no permitir que te contamine.  No te dejes “enganchar”.

Adelántate a sus estrategias. Cuando estés en calma, imagina el peor escenario, las acciones u ofensas con que te pueda atacar. Cuales son sus provocaciones y comentarios negativos. Respira profundo y hazte el propósito de no permitir que te altere. Ten la certeza que todo lo que te pueda decir, no se trata de ti, sino que es el reflejo de lo que piensa de sí misma.

Mantente sereno(a), seguro. De ninguna manera le permitas pensar que sus comentarios te afectan.  Responde de forma respetuosa pero firme, con claridad.

Cuida tu lenguaje corporal. Tronco erguido, cabeza levantada, hombros relajados, mirada tranquila, no desafiar, pero tampoco evadir la mirada. No hacer movimientos nerviosos que denoten inseguridad. Voz firme y natural. No contestar con susurros o con tartamudeos.

Si es una llamada de atención, o discusión, espera pacientemente a que la diatriba termine y escucha lo que en medio de los gritos te quiere decir. Responde pausada pero firmemente. Limítate a contestar de manera puntual sobre los hechos de fondo, ignorando insultos o reproches

Si es tu pareja, compañero de trabajo o quieres medir fuerzas en una negociación, hazlo frente a frente. Céntrate en el tema a tratar. Se claro y breve en tus argumentos, mantén una separación entre 0.80cms a 1.20 ms, dependiendo. Si eres de menor tamaño, la mayor distancia es la mejor para que no tengas que levantar la cabeza, solo los ojos; no permitas que el otro invada tu territorio y no cedas a sus amenazas ni chantajes.

Si es tu jefe, avanza hasta la mitad de la oficina y permanece allí, cuando te invite a sentarte, no lo hagas frente a frente, ladea un poco tu cuerpo. Eso evitará un desafío y una confrontación innecesaria. Mantente erguido(a) y sereno. Contesta breve y concisamente.

Es muy difícil pretender que estas conductas no terminen afectándonos. Por tal razón es conveniente minimizar la exposición a las mismas.  Si no te puedes alejar físicamente, pon distancia emocional. Solo ignora a la persona hasta donde sea posible. Mantén comunicación breve y concisa.

En el trabajo, procura tener un intermediario, un testigo, que todo sea por escrito. Consigue aliados en los que te puedas apoyar. Llénate de razones y de pruebas que te permitan neutralizar a esta persona.

Es difícil hacer acuerdos con esta clase de personas. Pero es muy importante al medir fuerzas, así estés en desventaja, no permitir que se de cuenta que te produce temor. Si te mantienes firme, lo más seguro es que se canse. Al final ella será quien se sentirá incómoda e irá a buscar una nueva víctima que sea más fácil de manipular.

Es importante que tengamos claro que los comportamientos tóxicos son altamente contaminantes, podemos comenzar a presentarlos sin que nos demos cuenta.  Muchas veces cuando no podemos enfrentarnos a quien nos maltrata, dirigimos toda nuestra ira contra otras personas que consideramos más débiles o dependientes. Reflejando en nuestras acciones lo que más detestamos de los demás.

También podemos presentar este tipo de actitudes cuando las cosas no se dan según nuestras aspiraciones y nos sentimos frustrados, podemos caer fácilmente en el juego de los rumores, de la intriga.   Mantente alerta y alejado del que llegue con chismes o críticas. Dale una respuesta favorable a su comentario malévolo, Ejemplo: (¿Sabías que van a ascender a Santiago? ¡Claro! Ese es un adulador) Contesta: (a mi me parece que es excelente en su trabajo, se lo merece). Verás como rápidamente esa persona se aleja buscando quien haga eco a su maledicencia.

Sé discreto, procura hablar poco de tus sueños, aspiraciones y logros.  Así evitarás herir ánimos susceptibles a la envidia.

No comentes el problema que estés enfrentando sino con personas de tu absoluta confianza, que puedan ayudarte a encontrar soluciones. Y evita hacer comentarios públicos sobre nada que tenga que ver con la situación “Uno es amo de lo que calla y esclavo de lo que dice”

Por último, enfrenta la situación con compasión, perdonando, sin seguir el juego de tu atacante, pero eso sí, marcando límites. Es necesario no tomar demasiado en cuenta las conductas negativas del otro, pues sus acciones no son más que la proyección de su agitada y dolorosa vida interior.

La forma como te relacionas con los demás sólo es el reflejo de la forma como te relacionas contigo mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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