La envidia, tóxico que envenena a quien lo produce

Stella De Ávila EscobarPor: Stella De Avila Escobar

Psicóloga, Coach Con Programación Neurolingüística

La envidia es una emoción difícil de controlar. Sobre todo, en las personas muy competitivas y egocéntricas. Cuando nos estamos comparando siempre con los demás para reafirmar nuestro valor, somos víctimas de nuestra propia inseguridad.

La envidia no es la enfermedad, pero es un síntoma, un medidor que indica el grado de insatisfacción, de inaceptación, de frustración que maneja una persona de sí misma y de su propia vida.

Todos en algún momento hemos sentido que la vida ha sido injusta con nosotros, dándole a otro lo que quizás “no se merece” y a nosotros nos niega algo por lo que hemos luchado. Es un sentimiento natural. Somos humanos.

El problema no es sentirla, sino negarnos a reconocer que la estamos sintiendo y así terminamos haciendo a esa persona blanco de nuestras frustraciones.

La envidia, en la mayoría de las personas no es un estado generalizado. Más bien es focalizada. Es decir, tiene un blanco directo y una aproximación territorial y va dirigida contra quien consideramos de alguna manera una amenaza, nuestro rival.

Un hermano(a), amigo(a), compañero de trabajo, de estudio, vecino, etc. Y comienza a manifestarse cuando deseamos consciente o inconscientemente algo que tiene el otro y yo no. Habilidades, talentos, atributos físicos, oportunidades, bienes materiales, pareja.  Cuando sentimos que brilla más que nosotros y pone en peligro nuestro protagonismo.

Sentir envidia no significa que seamos malas personas. Todos tenemos luces y sombras. Pero son las sombras las que ponen en evidencia las partes más débiles de nuestra personalidad.

Si quieres saber que tanto te amas, mira que tanto te comparas y cuales son los beneficios que te molestan, que no reconoces, de alguien que por alguna razón sin que te haya hecho nada específico, te molestan sus logros o, lo consideras una amenaza.

La envidia tiene muchas maneras de camuflarse, en hipocresía, cuando fingimos acompañar en los triunfos, pero en realidad nos molestan, aprovechando cualquier oportunidad a espaldas de la otra persona para criticar, demeritar o ridiculizar sus logros.

Cuando somos parcos para los halagos, pero siempre hay algo que criticar.

Frases como: deberías hacer…, a mi me parece que faltó…hubiera quedado mejor si…  son un ejemplo de las muchas formas que se utilizan para bajar el ánimo de aquel que se vuelve el blanco de animadversión.

La palabra “ENVIDIA” viene del latín “In Video” que significa mirar con mal de ojo. “mirar mal”.  El envidioso siempre está buscando el motivo para criticar, se especializa en buscar “el punto negro en la sábana blanca”. De esa manera encuentra consuelo a su propia frustración.

Y cuando a su “antagonista” le va mal, siente una secreta satisfacción y la camufla con un falso sentimiento de piedad, experimenta un verdadero placer en comentar la desgracia de su rival, repitiendo la historia una y otra vez a todo el que la quiera escuchar no sin antes adornarla con apartes y opiniones de su propia inspiración.

El veneno de la envidia afecta principalmente a quienes la sufren. Produce tristeza, insatisfacción. El disgusto las convierte en personas conflictivas, infelices, estresadas. La ira interna acumulada se traduce en disimulado negativismo, en inconformidad permanente.

El envidioso no está bravo,  está dolido, resentido con la vida por no tener lo que otro tiene. Como su centro de autovaloración está orientado hacia afuera vive comparándose con los demás. Siempre habrá alguien más rico, más inteligente, más bello, más exitoso… de esa forma nunca estará satisfecho. Siempre encontrará como reafirmar su descontento, su tristeza, su frustración, llevándolo en muchos casos al estancamiento, a la depresión; las personas envidiosas son muy infelices.

COMO LIBERARNOS DE LA ENVIDIA

Lo primero es humildad para reconocer nuestras propias emociones. Aceptar que como seres humanos que somos, no estamos exentos de sentir envidia.

Una vez confrontemos nuestros sentimientos, comenzarán a bajar los niveles de antipatía y deseos de dañar. La honestidad de aceptar “que tanta sobradez a veces molesta” le quitará importancia a la emoción que nos afecta y nos devolverá el poder para redirigirla.

Inicia un diálogo interno positivo, “si es verdad que tú tienes lo tuyo, pero yo también tengo lo mío”. Destraba tu corazón, comienzas a mirarte con benevolencia. Masajea tu ego haciendo un listado de todo lo bueno que tienes, estoy segura que hay algo en lo que eres extraordinariamente bueno(a). Esa es tu fortaleza si aún no la has utilizado para destacarte, comienza a perfeccionarla,  traza un plan de acción que te sirva para mejorar.

Haz un listado de cuales son los detonantes de tus inseguridades, que es lo que te hace sentir incómodo.

-Estar en un ambiente con personas de clase social superior

-No sentirme vestido adecuadamente

-No saber cómo hablarle a mi jefe

-Creer que no sabré comportarme adecuadamente en un determinado momento

-Estoy demasiado gordo(a), viejo, flaco, bajito, alto, no se hablar con fluidez.

-Me da miedo acercarme a un grupo, a una chica(o) y que me rechacen.

Tienes dos opciones: La evasión, evítese el agravio de estar allí.

O, comenzar a trabajar para superar los miedos. Para ello lo primero que hay que hacer es humanizar al otro.

Nadie es perfecto, No son seres superiores, solo tienen un privilegio momentáneo. También tiene sus miedos y defectos con que lidiar.

Una vez seas consciente de tus mayores inseguridades comienza a esforzarte para mejorar, compararte con los demás nada va a cambiar, “deja de mirarte el ombligo”. Sal de la zona de lamentaciones y ponte a trabajar.  La mejor manera de superar tus limitaciones es trabajar todos los días, dejar de gastar tu energía mirando lo de otros y concentrarte en tu propia superación.

Ser la mejor versión de lo que puedes llegar a ser es en resumen el significado del éxito personal.

 

 

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