Mujeres en defensa de los hombres

Hablemos por aquellos que no hablan y su sufrimiento es un grito silencioso ignorado por la sociedad

 foto 1 Stella (1)Por Stella De Ávila Escobar *

Rara vez un hombre habla de sus sentimientos, de sus conflictos personales. Cuando se le pregunta a un hombre ¿CÓMO ESTAS?  Va al lóbulo izquierdo de su cerebro, hace un rápido análisis de lo que puede estarle sucediendo. Luego ensilla su caballo y pasa por el cuerpo calloso hasta el lóbulo derecho allí donde residen los sentimientos y si no ve una gran batalla destructiva, se devuelve a su lado racional y su breve respuesta es ¡BIEN!

Caso contrario en la mujer cuyas funciones cerebrales son integrativas, simultáneas, por esa razón pueden expresar con gran facilidad lo que hay en su mundo emocional.

La mayoría de los hombres no hablan de sus sentimientos pero eso no implica que no estén allí.

ELLOS TAMBIÉN SUFREN, SE SACRIFICAN, LLORAN, TEMEN Y CONOCEN EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA “RENUNCIAR”. SOLO POR EL BIENESTAR DE LOS QUE AMAN.

Yo soy una persona defensora de los derechos y de la superación de mujer. Pero también soy una mujer que ama ser mujer, ama su feminidad y ama la masculinidad. El derecho de los hombres a definirse en su género,  sin ser tildados de “machistas”. No por su  actitud  ante las mujeres, sino por sus gustos, por la región de donde son, por la labor que desempeñan, incluso por su propia condición de varón.

¿Que las mujeres y los hombres somos iguales? ¡No lo somos! Ni en la naturaleza de nuestros cuerpos, ni de nuestros cerebros (tenemos sí las mismas capacidades pero funcionamos de forma diferente), ni de la manera como sentimos y percibimos el mundo. Y mucho menos en nuestra manera de expresar el amor.

Somos diferentes y es en esa diferencia donde reside la magia.  Se hace necesario replantear la manera como la sociedad nos está llevando a relacionarnos desde la competencia; desde  de la lucha de poderes para saber quién domina a quien.

Estas reflexiones nacen, cuando hace algunos días me llegó una publicación de “Custodia Compartida  de Málaga” que trabaja en defensa de los hombres.

En España se suicidan al año más de 2.000 hombres por ser sometidos a falsas denuncias por sus exmujeres que les impiden ver a sus hijos.

El maltrato del hombre no está contemplado, y mucho menos cuando se empuja al suicidio.

Cuando se habla de violencia dentro del núcleo del hogar, la mayoría de las personas lo asocian automáticamente al maltrato infligido del hombre hacia la mujer. Y si, aunque históricamente hemos vivido una cultura de dominio masculino que ha permitido  por mucho tiempo el abuso del hombre hacia la mujer, en las últimas décadas se ha notado un fenómeno que no solo ha revertido la situación sino que la está llevando hacia el otro extremo.

Cuando se habla de violencia para muchas personas así como para la ley, solo se reconoce la agresión física: golpe, empujón, insulto, abuso sexual.  Sin embargo,  hay otro tipo de violencia mucho más sutil pero igualmente devastadora, que llevada a los extremos también conduce a la destrucción. La crueldad no es un asunto de sexos.

Aunque la mujer recurre en algunos casos a la agresión física, es mucho más frecuente ejercer violencia de una forma más sutil y soterrada. A veces para esto utiliza el ataque psicológico, a través de la presión, la ridiculización, la comparación, la humillación,  cuando el hombre no responde a las expectativas exigidas.

Es frecuente ver en estas disputas la utilización de los hijos como arma letal  por parte de las mujeres; basta estudiar los casos. Usan la influencia que ejercen sobre los hijos basada en el apego parental que es un lazo indivisible de la madre con los hijos, para ponerlos en contra, desacreditando la imagen paterna, destruyendo las simientes emocionales de los pequeños, solo para causar daño a su pareja.

No solo hay padres maltratadores, también existen madres…

Para este trabajo utilizan argumentos no del todo válidos por exagerados y en algunos casos calumniosos, abusando de la protección ejercida por la ley y por la sociedad que generalmente ampara a la madre. Es obvio que el maltrato que se inicia por lo psicológico con insultos, chantajes, amenazas, dispara otro tipo de violencia como la física.

Aunque la mayoría de  las agresiones físicas  son producidas por hombres. Algunos casos, sobre todo cuando son comportamientos aislados, son generados, por las provocaciones, insultos,  y hostigamiento constante de la misma mujer. Incluso los golpes son iniciados por ella para luego si son respondidos usarlos en su contra.

“Llega una mujer a la comisaría a poner un denuncio contra su marido, mostrando un ojo morado. Cuando el hombre se presenta a la citación se puede ver una gran quemadura de plancha en su rostro y en el antebrazo izquierdo, la mujer aduce que ella lo que hizo fue adelantarse en la discusión. ¿Queda claro quién fue el agresor? “

“El caso de la mujer que acusa a su pareja de abusador, convence a la niña de nueve años que declare contra su padre.

Este hombre es sentenciado a ocho años de prisión. Seis años después la niña va ante el juez y confiesa  que todo era falso y que lo hizo para apoyar a su madre”.

¿Dónde quedan los derechos de este hombre? El daño moral, psicológico, económico, a su buen nombre… ¿no cuentan?

Aunque son más frecuentes los casos de hombres agresivos, o desobligados para responder por sus compromisos paternos a quienes la ley debe presionar, la mujer maltratadora basada en la defensa de género que la ley ejerce, abusa de su pareja. Abusa física, económica y mentalmente del hombre. Ocasionándole daños físicos y emocionales; provocando a través del hostigamiento constante depresión,  y en casos extremos el suicidio.  O, desquiciándolos con insultos hasta llevarlos a agredirlas.

La violencia en ningún caso en justificable pero cabe  para las dos partes. Hay que tomar medidas igualitarias, una ley que proteja al hombre del abuso de la mujer porque si bien las mujeres sufren violencia en mayor medida que los hombres, ellos también sufren este tipo de maltratos y muchas veces lo callan por temor a ser víctimas de burlas o de no ser tomadas en serio.

La estereotipación negativa de la masculinidad es para los expertos que estudian el tema, una manifestación de la “misandria”, odio al rol masculino.

Según los expertos, tras los movimientos feministas de los 70´s, se ha evolucionado hacia un doble estándar que discrimina a los hombres y victimiza a las mujeres, propagado por los medios de comunicación y garantizado por los mecanismos legales.

Katherine K. Joung. Filósofa investigadora de la Mc. Gill University de Montreal Canadá. Explica que existe “una estereotipación negativa de la masculinidad”. Señala que hoy se permiten bromas sobre los hombres que si se hicieran sobre las mujeres generarían protestas furibundas por insultantes y tendenciosas, incluso constituirían un delito.

Chistes como el de la actriz Whoopi Goldberd durante una ceremonia del Oscar. “Uno de nuestros presentadores participó en una película  sobre un hombre con corazón de mandril, algo que en mi experiencia no es tan inusual”

O, como el del presentador de TV norteamericano, humorista satírico Jay Leno:

“¿Cómo saber si un cerdo está borracho? Porque empieza a actuar como un hombre”

Esos comentarios son alarmantes porque dichos por personajes notables de los medios y en momentos de gran impacto y audición, comienzan a calar en el imaginario inconsciente de la gente, creando una imagen negativa de la naturaleza masculina que genera rechazo en la mujer y sentimientos de culpa en el hombre por el simple hecho de serlo.

Ya estamos viendo como este tipo de comportamientos sobrepasan el ámbito de la familia para convertirse en una forma de interacción social.

“Un accidente de tránsito donde quien conduce uno de los dos vehículos es mujer, la cual sin asumir su parte de responsabilidad en el incidente acusa al conductor del otro vehículo, hombre por supuesto, de ser el único culpable porque en su ocupación de caballista estaba acostumbrado a tratar las mujeres como yeguas”. Argumento que afortunadamente no progresó pero que deja ver el peligroso rasero al que nos estamos acercando.

Estamos llegando a un momento en el que el hombre no sabrá cómo abordar a una mujer. No podrá expresar su interés por ella ni siquiera con una mirada por miedo a ser acusado de acosador.

Si cualquier aproximación puede ser malinterpretada ¿Cómo podrá expresarle su admiración?

La campaña es invisibilizar  la humanidad del hombre. Hacerlo ver  como una bestia sin sentimientos, doblegar su autoestima hasta hacerlo sentir culpable, de su propia naturaleza masculina.

Nacimos hombre y mujer porque ese es el diseño original, por eso nos atraemos porque es la forma natural como la biología asegura su supervivencia.

Hacer pareja, para estar juntos;  apoyarnos,  comprendernos,  valorarnos y  amarnos es vital para perpetuarnos como especie y para nuestra realización completa a nivel personal.

No somos enemigos, somos complementarios. ¡Ese es el derecho que tenemos que defender!

“LA SENSIBILIDAD NO ES EXCLUSIVA DE LA MUJER, LA SENSIBILIDAD ES UNA CUALIDAD HUMANA, TAMBIÉN ESTÁ EN EL HOMBRE. Y CUANDO ESE HOMBRE LOGRA EXPRESARLA…SE CONVIERTE EN POESÍA…”

 

*Psicóloga entrenador personal Coach con PNL.

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